Obligaciones
de los obstetras basadas en la beneficencia
El modelo de responsabilidad profesional en obstetricia
alienta a los médicos a promover el bienestar de las pacientes equilibrando el
respeto a su autonomía con las obligaciones basadas en la beneficencia, tanto
para las pacientes embarazadas como para las perinatales.
Las obligaciones basadas en la beneficencia implican
proporcionar recomendaciones basadas en la evidencia, especialmente cuando una
opción parece ofrecer beneficios sustanciales sobre otras.
Sin embargo, los médicos tienen la obligación de proporcionar
información precisa y equilibrada.
Si bien las cesáreas pueden ser médicamente necesarias en
algunas situaciones, conllevan un mayor riesgo de complicaciones quirúrgicas,
como infecciones, hemorragias, tiempos de recuperación más prolongados y un
mayor riesgo de muerte materna. Además, en futuros embarazos, la cesárea puede
aumentar el riesgo de anomalías placentarias, ruptura uterina y una reducción
en las probabilidades de implantación y nacimiento vivo después de una
transferencia de un solo embrión euploide. Sin embargo, no se asocian con un
mayor riesgo de parto prematuro en futuros embarazos.
Para el neonato, la CPM antes de las 39 semanas se relaciona con un
mayor riesgo de morbilidad y la mortalidad, mientras que los partos por cesárea
electiva después de las 39 semanas conllevan un menor riesgo de problemas
respiratorios graves, pero pueden resultar en un retraso en el vínculo y la
lactancia materna, lesiones quirúrgicas y una mayor probabilidad de ingreso en
la unidad de cuidados intensivos neonatales.
La evidencia emergente sugiere que el impacto de la cesárea
en la salud neonatal e infantil va más allá de los riesgos quirúrgicos
inmediatos. Los estudios demuestran una mayor incidencia de obesidad y
afecciones alérgicas en los niños nacidos por cesárea electiva en comparación
con el parto vaginal, probablemente debido a alteraciones en el microbioma
infantil.
Las investigaciones han revelado que los bebés nacidos por
cesárea presentan una diversidad bacteriana reducida y una composición de la
microbiota alterada, lo que podría influir en la programación metabólica y el
desarrollo del sistema inmunitario. Estas variaciones del microbioma pueden
contribuir a un mayor riesgo de obesidad, asma y trastornos inmunomediados, lo
que justifica una cuidadosa consideración en el asesoramiento .
A pesar de algunos beneficios médicos existe un amplio
consenso entre las sociedades profesionales de que, en ausencia de indicaciones
fetales o maternas, no se debe ofrecer de forma rutinaria una cesárea y que se
debe recomendar el parto vaginal como la modalidad preferida.
Obligaciones
de los obstetras basadas en la autonomía
El respeto a la autonomía de la paciente es un principio
ético fundamental y respalda el derecho de la mujer a elegir su modo de parto.
El principio ético del respeto a la autonomía en la atención médica abarca
tanto el derecho negativo a rechazar un tratamiento como el derecho positivo a
exigir una intervención específica.
El respeto a la autonomía cobra mayor fuerza cuando confirma
el derecho negativo de la paciente a rechazar una intervención. Cuando una
paciente alega un derecho positivo —exigiendo acciones o intervenciones
específicas—, esta afirmación debe sopesarse cuidadosamente con las
obligaciones del profesional de la salud, basadas en la beneficencia, de actuar
en el mejor interés de la paciente.
El respeto a la autonomía no existe de forma aislada, sino
que interactúa con los deberes éticos profesionales para garantizar que las
decisiones prioricen tanto el bienestar de la paciente como un juicio clínico
sólido.
Si bien el respeto a la autonomía de la paciente es
fundamental, debe sopesarse con la obligación ética del médico, basada en la
beneficencia, de evitar procedimientos que considere perjudiciales.
En el contexto de la CPM , el respeto a la autonomía de la
paciente exige ofrecer recomendaciones claras y basadas en la evidencia. Cuando
la evidencia médica favorece una opción sobre otra, ya sea parto vaginal o
cesárea, el médico tiene la responsabilidad profesional de compartirla,
ofreciendo una recomendación bien fundamentada e informando a la paciente sobre
ambas opciones. Si los datos sugieren que el parto vaginal ofrece mayores
beneficios y menores riesgos en comparación con la cesárea, el médico debe
analizar estos hallazgos de forma transparente y brindar orientación acorde con
dicha información.
Esta orientación, como parte del proceso de consentimiento
informado, debe garantizar la transparencia y una explicación completa de los
riesgos y beneficios de ambas opciones, permitiendo a la paciente tomar una
decisión final informada que refleje sus valores y preferencias.
Las pacientes deben comprender a fondo los riesgos y
beneficios tanto de la cesárea como del parto vaginal, especialmente al
considerar una cesárea de parto vaginal sin indicación médica.
Negar a priori la solicitud de una mujer de una cesárea de
parto vaginal puede interpretarse como una vulneración de su autonomía corporal
y de su capacidad para controlar su experiencia de parto. Sin embargo, tras
analizar la evidencia y comprender las inquietudes individuales de la paciente,
la decisión de proceder con una cesárea de parto vaginal después de las 39
semanas puede ser acorde con el respeto a su autonomía.
Los médicos no están éticamente obligados a ofrecer una
cesárea sin indicación médica, pero deben asegurarse de que las pacientes estén
plenamente informadas sobre sus opciones. Los médicos también pueden explorar
factores psicológicos o traumáticos para garantizar un enfoque integral antes
de tomar una decisión final sobre una cesárea de parto vaginal.
Si un médico se niega a realizar una CPM después de las 39
semanas debido a la falta de indicaciones médicas, debe comunicar su decisión
de forma clara y comprensiva, explicando detalladamente sus razones.
Para respetar los estándares éticos y apoyar la autonomía de
la paciente, el médico debe garantizar la continuidad de la atención ofreciendo
una derivación a otro profesional cualificado dispuesto a realizar el
procedimiento.
Idealmente, esta conversación debería tener lugar al
principio del embarazo para que la paciente tenga la opción de encontrar un
médico que se adapte a su solicitud.
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