La cesárea a petición materna (CPM) se define como una
cesárea primaria realizada a petición, en ausencia de indicaciones médicas
maternas o fetales, ¹
Anteriormente, la CPM se denominaba "cesárea primaria
electiva", pero el término era ambiguo, ya que podía abarcar diversos
escenarios más allá de los basados exclusivamente en la preferencia materna
Una CPM puede plantear problemas éticos al equilibrar las
obligaciones de los médicos basadas en la beneficencia y la autonomía.
La tasa de CPM varía significativamente entre países, del
0,2 % al 42,0 %7, y llega hasta el 16 % en China y el 17 % en Australia, aunque
el seguimiento preciso de las CPM es difícil debido a la documentación
inconsistente y a la falta de codificación médica específica para los procedimientos.
Factores como las percepciones culturales, la autonomía de
la paciente, la posible desinformación y las preferencias logísticas contribuyen
al aumento de la CPM, lo que la convierte en un problema multifacético que
trasciende el razonamiento clínico puro.
El marco ético para abordar la cesárea por solicitud materna
se estableció inicialmente en la Conferencia sobre el Estado de la Ciencia de
los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de 2006, que brindó orientación
sobre cómo equilibrar la autonomía materna con la evidencia médica.
Este análisis ampliado profundiza en cuestiones como el
consentimiento informado, los sesgos cognitivos y la atención adaptada al
trauma, a la vez que proporciona orientación práctica para los profesionales
clínicos que abordan estas complejas decisiones, haciendo referencia a
importante literatura previa.
Si bien la cesárea es una intervención que salva vidas
cuando está médicamente indicada, sigue siendo un procedimiento quirúrgico
mayor asociado con riesgos significativos. La creciente normalización de la CPM
ha acentuado las complejidades éticas en torno a la realización de
intervenciones quirúrgicas sin necesidad médica.
La CPM presenta un
desafío dentro de los marcos de medición de la calidad de la atención médica,
ya que las tasas de cesáreas en pacientes de bajo riesgo, nulíparas, a término,
de feto único y de vértice (NTSV) (robson 1 y 2) sirven como una métrica
fundamental de la calidad perinatal en los sistemas de atención médica, las
aseguradoras y los organismos reguladores, cuyo objetivo es promover el uso
prudente de la cesárea y reducir las intervenciones.
La inclusión de la CPM , que se basa exclusivamente en las
pacientes, en las tasas generales de cesáreas NTSV, infla las tasas generales,
socava los parámetros de calidad y potencialmente somete a médicos y hospitales
a escrutinio. Además, la CPM puede tener implicaciones financieras negativas,
ya que puede no estar alineada con los modelos de reembolso que favorecen la
atención basada en la evidencia que minimiza las intervenciones no indicadas.
Una deficiencia crítica de las políticas de medición de calidad perinatal
central de la cesárea NTSV (robson 1 y 2) es su dependencia de tasas de
cesáreas no ajustadas. Este enfoque no tiene en cuenta la CPM, que se basan en la autonomía de la
paciente y la toma de decisiones informada.
La tensión entre respetar la autonomía del paciente y
adherirse a las medidas de calidad institucionales y políticas requiere una reforma la forma de abordar las
complejidades de la práctica obstétrica moderna.
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