Interés
propio del médico en distorsionar el proceso de consentimiento informado.
Si bien la CPM implica la autonomía de la paciente para
elegir, la realidad suele ser más compleja. Las creencias y preferencias
personales de los médicos pueden influir en las decisiones de las pacientes sobre
el parto por cesárea, comprometiendo potencialmente su autonomía. Esto plantea
preocupaciones éticas sobre el interés propio del médico que distorsiona el
proceso de consentimiento informado.
Los médicos pueden, inconsciente o conscientemente, influir
en las decisiones debido a factores como incentivos económicos, gestión del
tiempo o aversión al riesgo. Por ejemplo, las cesáreas programadas pueden ser
más predecibles y eficientes en términos de tiempo para los obstetras, y en los
modelos de pago por servicio, pueden ser más lucrativas. Estos factores pueden
generar sesgos sutiles en la asesoría, donde los médicos podrían enfatizar
ciertos riesgos o beneficios alineados con sus intereses en lugar de brindar
información equilibrada.
Los partos programados de fetos únicos antes de las 39
semanas se asocian con mayores riesgos neonatales. La práctica de los médicos
de programar cesáreas electivas antes de las 39 semanas por conveniencia, como
evitar emergencias nocturnas, representa un ejemplo particularmente preocupante
de interés propio del médico que compromete la atención al paciente, ya que
deliberadamente expone a los recién nacidos a un mayor riesgo de morbilidad
respiratoria e ingreso a la unidad de cuidados intensivos neonatales únicamente
por conveniencia del profesional.
Este patrón problemático de programación temprana resalta la
necesidad de políticas institucionales estrictas que exijan cesáreas electivas
antes de las 39 semanas y sistemas sólidos de monitoreo de calidad para evitar
que los profesionales prioricen sus horarios sobre los resultados maternos y
neonatales óptimos.
Para mantener los estándares éticos, los médicos deben
asegurarse de que sus intereses personales, como la conveniencia, las ganancias
económicas o la gestión de la carga de trabajo, no influyan en el asesoramiento
a las pacientes ni en el proceso de consentimiento informado para la cesárea.
La práctica médica ética exige que los intereses de las
pacientes sean primordiales en la toma de decisiones. Este enfoque garantiza
que las pacientes puedan tomar decisiones verdaderamente autónomas sobre su
atención, manteniendo la integridad del proceso de consentimiento informado y
cumpliendo con las obligaciones éticas de los profesionales de la salud en la
atención materna.
Los sesgos cognitivos, entrelazados con el interés propio,
pueden influir sutilmente en cómo los médicos presentan la información, lo que
podría llevar a las pacientes a realizar cesáreas.
Este efecto de encuadre inconsciente puede distorsionar el
proceso de consentimiento informado, comprometiendo la autonomía de la
paciente. Las decisiones resultantes, si bien aparentemente se basan en la
"solicitud materna", en realidad pueden estar más condicionadas por
la perspectiva del médico que por las verdaderas preferencias de la paciente.
Cuestiones éticas cruciales sobre la autenticidad de la elección de la paciente en la cesárea de parto vaginal ponen de relieve la necesidad de salvaguardas para garantizar una toma de decisiones informada y autónoma. Las instituciones sanitarias podrían implementar herramientas estandarizadas de ayuda para la toma de decisiones y protocolos de asesoramiento que presenten información equilibrada sobre partos vaginales y cesáreas.
La formación ética para médicos podría contribuir a una
mayor objetividad al abordar los sesgos personales y promover la confiabilidad
como una virtud profesional fundamental. Dicha confianza intelectual se
desarrollaría al mantener conocimientos actualizados sobre los riesgos y
beneficios de las cesáreas, y la confianza moral, al priorizar los intereses de
la paciente por encima de la conveniencia personal o los incentivos
económicos.66e68
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