Apoyo multidisciplinario
e institucional
Para las pacientes que solicitan CPM debido a factores
psicológicos como la tocofobia o antecedentes de violencia sexual, los
profesionales de la salud deben ofrecer el apoyo psicológico adecuado. Las
derivaciones para segundas opiniones, incluyendo a profesionales de la salud
mental, como terapeutas especializados en ansiedad perinatal, pueden ayudar a
las pacientes a abordar sus miedos.
Además, ofrecer fisioterapia del suelo pélvico y
asesoramiento para el manejo del dolor puede ayudar a las pacientes preocupadas
por el dolor de parto. Un enfoque multidisciplinario que involucra a obstetras,
matronas, anestesiólogos y profesionales de la salud mental garantiza que los
factores psicológicos, médicos y sociales de la paciente se aborden de forma
integral, lo que permite tomar decisiones mejor informadas. Las instituciones sanitarias
desempeñan un papel crucial en el apoyo a médicos y pacientes al gestionar las
solicitudes de CPM.
Sin embargo, muchas instituciones no han desarrollado guias
para la CPM. Unas políticas institucionales claras deben detallar lo siguiente:
Guías para asesorar a los pacientes que solicitan CDMR.
Procedimientos para el consentimiento informado.
Procesos para la gestión de desacuerdos entre pacientes y
profesionales sanitarios.
Opciones para obtener segundas opiniones y derivaciones cuando
un médico rechaza la CPM.
Al brindar apoyo institucional y guias claras, los
profesionales sanitarios pueden gestionar las solicitudes de de forma ética y
sistemática, garantizando un equilibrio entre la autonomía del paciente y el
criterio profesional.
Conclusión: La CPM requiere un cuidadoso equilibrio entre la
autonomía del paciente y las obligaciones profesionales para optimizar los
resultados maternos y neonatales. El manejo ético de la cesárea congénita
(CDMR) implica una asesoría integral para explorar las motivaciones de las
pacientes, analizando a fondo tanto los beneficios como los riesgos, incluyendo
los riesgos quirúrgicos inmediatos, las futuras complicaciones del embarazo,
los posibles beneficios como la protección del suelo pélvico y consideraciones
fetales como la morbilidad respiratoria y las alteraciones del microbioma. La
evidencia reciente que destaca el aumento del riesgo de síndrome de estrés
postraumático después de una cesárea y sus posibles impactos en la fertilidad
futura añade consideraciones importantes a la asesoría.
El proceso de consentimiento informado debe ser imparcial,
basado en la evidencia y accesible para todos los niveles de conocimientos
sobre salud. Se debe prestar especial atención a la atención adaptada al trauma
y a los factores psicológicos que pueden influir en las preferencias de parto.
Las instituciones sanitarias desempeñan un papel fundamental
a través de políticas y directrices claras, protocolos de asesoría
estandarizados y métricas de calidad que equilibren las tasas de cesáreas
institucionales con la elección informada de la paciente. Las implicaciones
financieras de la merecen consideración, en particular en lo que respecta a los
costos de atención médica y la equidad.
Más allá de la atención individual de cada paciente, la
creciente prevalencia de cesáreas puede tener implicaciones más amplias,
incluyendo posibles efectos evolutivos, ya que la reducción de la presión
selectiva de la desproporción cefalopélvica podría influir en el tamaño fetal
en relación con las dimensiones pélvicas maternas a lo largo de generaciones.
Si bien la CPM puede ser éticamente permisible después de un
asesoramiento exhaustivo, no debe considerarse una opción de rutina.
La clave es implementar pautas estandarizadas pero flexibles
que prioricen el respeto por la autonomía y la seguridad de la paciente, al
tiempo que se mantienen las obligaciones profesionales con el bienestar materno
y neonatal.
El éxito requiere apoyo institucional continuo, políticas
claras y un compromiso con la atención centrada en la paciente basada en la
evidencia.
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